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Saprissa 1 - Brujas 3: ¿Cuál embrujo? ¡Puro coraje! - Domingo 31 Octubre

Ya sabíamos que este equipo de Brujas era otro con Manuel Keosseián en el banquillo. Que de las cenizas de aquellas primeras derrotas nació un equipo aplomado, con orden y eficacia.

Un cuadro capaz de pintarle la cara al propio Campeón Nacional. Como anoche, que el Saprissa recibió un trago amargo a cargo de un Brujas luchador.

¡Vaya lección de coraje!

Con un hombre menos, con el marcador en contra y jugando de visita, la derrota era un resultado lógico –y quizás hasta “perdonable”– para los visitantes.

Pero no en este Brujas. La salida de Berny Peña por expulsión inyectó de ánimo a sus compañeros. Y la desventaja en el marcador fue un acicate de peso para ir por el premio mayor en los minutos finales.

El mismo entrenador saprissista Hernán Medford reconoció que pecaron de exceso de confianza. Es decir, que a la larga aquel gol de Álvaro Saborío, al minuto 20, terminó siendo nocivo para su propio equipo, pues dio la sensación errónea de que todo estaba resuelto.

Era otro partido el que se jugaba entonces. Uno en el que Saprissa imponía sus condiciones, guiado por un Alonso Solís magistral en la conducción.

Mas, aquello fue solo un espejismo. Brujas acopiaba fuerzas a cada minuto, en espera de lanzar su ataque definitivo.

¡Al ataque!

El asalto final llegó tras la expulsión de Berny Peña, al 63’. Fue una curiosa señal de ataque, pero lo cierto es que perder al líder de la defensa resultó ser una punzada en el orgullo.

El caudal ofensivo cambió de lado. Quizás Brujas llegó poco al arco rival, mas su eficiencia es digna de elogio: cada llegada significó peligro para la cabaña de José Francisco Porras.

Y en tres ocasiones el cuero terminó depositado en la red. Bueno, en realidad fueron solo dos, porque el tercer gol traspasó los cordeles, bólido imparable que pudo confundir a los árbitros.

La historia de este partido se empezó a reescribir con Berny Wright. El espigado zaguero entró como “remiendo” en la zaga central, pero terminó siendo as bajo la manga.

Wright subió al ataque en jugada de bola muerta, al 74’, y cazó un balón perdido en el área chica que se transformó en gol.

La tribuna morada rugió por el contraste. Los aficionados no sabían que la noche de brujas apenas estaba comenzando.

Cuatro minutos después, cuando Saprissa se tiró alocadamente a buscar de nuevo la ventaja, David Diach hizo pared con Jairo Arrieta. El balón le quedó a Diach, quien incrustó el segundo con un zapatazo por bajo.

Y faltaba el mejor. De nuevo, Diach bailoteó en una interminable sucesión de “bicicletas”. Ningún defensa le capturó la maroma, y el escazuceño terminó abriendo surco en la red con portentoso izquierdazo.

Ya para entonces los morados estaban en la lona.

Perdieron un invicto de 26 meses, pues la última derrota en la Cueva se remonta al 15 de setiembre de 2002, ante Alajuelense.

Un rival digno hincó al monarca nacional. Uno cuyo embrujo consistió en nunca darse por víctima, en jamás sentirse menos.

tomado del periódico La Nación