Cartaginés 1 - Saprissa 3: Golpes de precisión -
Domingo 17 Octubre
Cartago. No hizo falta golpear la roca con insistencia
para que brotara el agua. A Saprissa le bastó con
llegar unas cuantas veces, y aprovechar con precisión
los resquicios frente al arco rival.
Y después, controlar el juego ante un contrincante
que nunca tuvo respuestas.
Mostró orden en defensa, plantó una media cancha
que a ratos alcanzó la brillantez y vivió de las holgadas
rentas que le dieron dos de sus mejores argumentos:
la bola muerta y el poder definidor de Álvaro Saborío.
Sobre todo esto último. La huella de su artillero.
Los morados ni siquiera necesitaron abusar del control
del balón. Fue suficiente administrarlo en la primera
parte para después regalar a medias la iniciativa.
Cartaginés, en cambio, falló hasta en lo más elemental:
nunca pudo imponer sus condiciones como equipo local
ni logró defender el gol que consiguieron a los 11
minutos.
Fue un equipo sin chispa e ingenio para sorprender
al Saprissa con algo diferente.
Los brumosos se reiteraron en un futbol estéril
que, salvo los destellos de Ariel Segalla, apenas
inquietó a la zaga morada.
Son dos realidades. Una, la del visitante, firme
candidato a defender su título.
La otra, la del cuadro local, un equipo que padeció
la campaña anterior la angustia de merodear el descenso,
y que aún no se consolida como proyecto deportivo.
Pero aun sin afanarse demasiado, Cartaginés se encontró
con un gol cargado de oportunismo.
Whayne Wilson ganó un balón por la izquierda y sacó
un centro que Pablo Islas, tras una buena maniobra,
convirtió en el sorpresivo 1-0.
El argentino ingresó por el centro, zona donde al
Saprissa ya le han anotado varias veces.
Sin ir muy lejos, en el clásico anterior, que se
definió en contra de los tibaseños justo con un gol
en ese sitio.
Pero los blanquiazules no supieron manejar tan exagerado
botín. Se echaron atrás, amparados a su suerte, y
en menos de un cuarto de hora ya estaban perdiendo.
Primero fue un tiro de esquina. La inagotable veta
que representan las jugadas de táctica fija: Víctor
Cordero aprovechó un cabezazo de Reynaldo Parks para
igualar la pizarra.
Apenas dos minutos después (al 27) Saborío madrugó
a los defensores locales y puso a ganar a los tibaseños.
Golpes de precisión. Solo se había disputado un
tercio del encuentro y ya Saprissa tenía el partido
justo donde lo quería.
Sin chispa
¿Qué debe hacer un equipo que va perdiendo 1-2 en
casa? Pues atacar, obviamente.
Pero también deben venir respuestas del banquillo.
Dar un golpe de timón con hombres de refresco.
Cartaginés no consiguió esto último pues los cambios
le fallaron al entrenador: Víctor Núñez nunca se metió
en el partido y Pablo Tiscornia falló en la tarea
básica de marcar a Saborío.
Núñez ingresó en lugar de Islas, quien salió lesionado
tras un encontronazo con Cordero.
Sin creatividad ni sorpresa, los ataques brumosos
fueron un dulce para el Saprissa.
Más bien, fueron los morados quienes llegaron de
nuevo al gol.
Andrés Núñez, un suplente de lujo en el equipo de
Medford, se lo fabricó a Saborío, quien de nuevo acudió
a la cita.
Un Saprissa sólido jugó al ritmo que quiso. Apuró
el paso, se divirtió y consiguió hundir tres veces
la daga certera.
tomado del periódico La Nación