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Saprissa 3 - Puntarenas 2: Los misiles de Alonso - Domingo 19 Agosto

Primero fue una centella en la etapa inicial que se le escurrió al guardameta porteño Bryan Zamora. Después, un zapatazo en los minutos finales, que se estrelló contra el horizontal y propició el polémico gol de Álvaro Saborío.

Saprissa dependió anoche de la bola muerta y de la pierna izquierda de Alonso Solís.

Con Centeno fuera por sanción, al Mariachi le tocó ser el hombre orquesta de los morados.

Y de no ser por los misiles de su número 10, el cuadro morado hubiera pasado un mal rato ante este voluntarioso Puntarenas.

El Puerto arrinconó a los de casa en la inicial, con un futbol de pie a pie que abrió surcos entre la defensa tibaseña.

Con solo 12 minutos de partido ya los visitantes estaban arriba, gracias a una combinación entre Allan Oviedo y José Mendoza.

Saprissa empató poco después, con el gol olímpico de Alonso. Pero la joya de Solís no frenó el ímpetu naranja.

A los 24’, Warren Granados aprovechó un mal despeje de Try Bennett y volvió a poner a los morados contra la pared.

¿Quién era local y quién era visita? Imposible saberlo en aquel momento. Por el sorprendente marcador y por la arriesgada propuesta del equipo puntarenense.

Con el mar tan “picado”, Saprissa tuvo que echar mano de su mejor repertorio para evitar el naufragio.

Solo que, inexplicablemente, el Puerto se olvidó de atacar en el complemento. Y dejó ir una ventaja que prometía algo más.

Echarse atrás

Si a Puntarenas le dio tan buenos réditos jugar al ataque, ¿por qué se replegó en el complemento? En ningún lado está escrito que el equipo ganador debe atrincherarse y decirle adiós a la posibilidad de conseguir más goles.

El caso es que Puntarenas se asustó de su propia grandeza. Archivó los argumentos que le permitieron hincar a los de casa y quedó a expensas del ciclón que desató Saprissa para conseguir primero el empate y después la victoria.

La bola muerta volvió a ser el mejor aliado tibaseño. Porque además de su postura defensiva, Puntarenas cometió otro pecado: reiterar faltas delante del área.

En una de estas acciones, al 66’, José Luis López llevó el alivio parcial a los de casa con un tiro libre que pasó como flecha en medio de un bosque de piernas.

Sobre el final, parecía que la travesura le salía a los naranja. Hasta que llegó otra sanción frente al área, ya en tiempo de descuento.

Alonso cobró con un zurdazo que parecía llevar marchamo de gol, pero el balón se estrelló contra el horizontal.

Saborío cazó el rebote y, de cabeza, puso el 3-2. Los porteños reclamaron un supuesto fuera de lugar, y quizás su alegato era legítimo por la posición del artillero en el momento del tiro libre.

Pero no hubo caso. El juez Freddy Zamora convalidó el gol. De cualquier forma, el propio Puntarenas había renunciado a algo más cuando olvidó su juego de toque y cometió la osadía de encomendarse al futbol reventón.

Noticia tomada del periodico La Nación